Walter Reiter y la Orquesta Sinfónica del ISA adjunta al Lyceum: una sinergia exitosa

Por: Ivette Céspedes

El concierto del pasado 18 de febrero fue el colofón de dos semanas intensas de talleres orquestales impartidos por Walter Reiter. El reconocido director y violinista una vez más compartió con los jóvenes músicos cubanos gracias a la invitación de la Fundación Mozarteum de Salzburgo, institución que colabora con el proyecto formativo y artístico que emprende el Lyceum Mozartiano de La Habana.

Una de las particularidades de las clases de Reiter es el énfasis en la música de cámara, ya que la considera la práctica matriz para acercar a los intérpretes a la concepción de la música como lenguaje. Mediante el proceso de montaje camerístico Reiter explota la capacidad de dialogar a través de la música donde es fundamental el escuchar a los otros y concientizar como el discurso de un intérprete se conecta o discrepa de los argumentos de los demás.

De esta forma, para difundir el quehacer logrado en los talleres de música de cámara la Sala del Oratorio San Felipe Neri abrió sus puertas con la interpretación del Cuarteto Alondra. Dispuesto muy cerca de la entrada, el cuarteto impactó a los espectadores recién llegados quienes se vieron provocados a adoptar nuevas posturas de escucha para percibir tan inusual obertura. Una curaduría diferente que el Maestro Walter propuso para cambiar el esquemático ritual concertista, por otra parte la intención era recrear uno de los usos más primarios de esta música la de servir de banda sonora para la interacción social como era usual en los siglos XVII y XVIII.

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Cuarteto Alondra

El programa presentado en esta oportunidad por la Orquesta Sinfónica del ISA adjunta al Lyceum tuvo como propósito celebrar el año de Georg Philipp Telemann (1681-1767). La interpretación de la Suite en Do Mayor “Música acuática” fue la obra escogida para homenajear al reconocido compositor del barroco alemán; creación que evidencia la influencia de la música francesa en la cultura musical germana de ese siglo. Reiter explicó:

“en esa época las diferentes regiones que conformaban Alemania se estaban reconfigurando luego de la guerra de los treinta años, en esta re-estructuración la aristocracia quería retomar su poderío cultural por lo cual tomó como paradigma las últimas tendencias artísticas que promovía la corte de Versalles. Para apropiarse de este arquetipo civilizatorio los arquitectos, pintores y músicos alemanes estudiaron a detalle el modelo francés.”

La Suite interpretada se hace eco de esta intención, a la manera de Jean Batiste Lully la obertura presenta un primer momento Grave que se caracteriza por la presencia de notes inégales o ritmo de doble puntillo. En la posterior sección fugada la orquesta realizó un excelente trabajo en la fluida conducción de las líneas temáticas. Las danzas francesas bourrée, loure y el minuet también estuvieron presentes en la disposición de la suite.  Mediante un discurso programático, la “Wassermuisk” de Telemann emplea múltiples recursos dinámicos, las más disímiles combinaciones instrumentales, entre otros procedimientos para narrar los efectos del agua los cuales fueron muy bien recreados por los jóvenes músicos.

La segunda parte del concierto contó con la participación nuevamente del Cuarteto Alondra y el Cuarteto Crisantemi. Este último interpretó el primer movimiento del Cuarteto de Cuerdas No. 95 de Haydn, su comprensión del discurso musical fue muy acertada, la complicidad entre ellos se vislumbraba desde la disposición del escenario ya que optaron por  aprovechar la resonancia que surge al cerrar la disposición de sus asientos sin la mediación de los atriles. Otro detalle interesante de su perfomance fue la incorporación  de gestos – como los golpes en el tabloncillo remarcando el tiempo fuerte, el  rasgado de las cuerdas por parte del cello- trajeron a la escena el imaginario sonoro de las danzas folklóricas nórdicas.

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Johannes Honsig-Erlenburg, presidente de la Fundación Mozarteum y Walter Reiter, director invitado

Para cerrar, el maestro Walter  Reiter escogió la Sinfonía No. 99 de Joseph Haydn, con toda intensión decidió trabajar esta obra inscrita en el estilo clásico, su interés fue ofrecer una mirada dialéctica del devenir musical, expresando que no existen cesuras radicales entre el barroco y el clasicismo. Como expresó Reiter “sí se puede hablar de un cambio de concepción en la manera de componer pero aún está vigente la misma forma de tocar, principio que sirve de eslabón para que los estudiantes puedan articular su visión de la historia y de la interpretación de la música. Especial felicitación para la sección de vientos, la  limpieza del sonido y el buen empaste le dieron las últimas pinceladas de maestría al concierto.

Walter Reiter ya es parte del Lyceum Mozartiano, un resultado tan admirable se debe a su completa entrega a la orquesta. Su vibrante energía contagia a todos los implicados para que este proyecto de la Orquesta-Escuela siga desarrollándose y ganando relevancia en el panorama de la música de concierto en Cuba.

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